Es el nuevo diablo de la Industria Alimentaria; buscamos en cada etiqueta la presencia del aceite de palma y evitamos la compra del producto si lo contiene.

Las keywords  “aceite de palma”, “palmiste”, o incluso “aceites vegetales”, sin especificar cuáles en un etiquetado nutricional, desatan nuestra mayor animadversión hacia el paquetito que tenemos en la mano, depositándolo de nuevo en el estante del súper del cual no debería haberse movido jamás (no me parece mal, pero seguid leyendo, la historia tiene miga).

Acto seguido, leemos la etiqueta del producto situado a la derecha, a la izquierda, detrás, etc. Todo un baile de búsqueda infructuosa para… encontrar un ultraprocesado hipercalórico y nutricionalmente inadecuado que satisfaga la necesidad de bollería industrial o snacks salados (hambre, ansiedad o gula, cualquier motivo justifica ese “capricho”).

Efectivamente, el quid de la cuestión es que el aceite de palma se encuentra en productos alimentarios, ¡no en alimentos! Tanto volverse locos leyendo etiquetas, cuando los mejores alimentos en cuanto a composición nutricional se refiere, ni siquiera la llevan. Frutas, verduras, legumbres, pescados, huevos y un largo etcétera de alimentos libres de la presencia del indeseable aceite de palma.  Pero es que os añado otra gran noticia, tampoco incluyen en su composición otros ingredientes “castigados” como jarabes de azúcares o grasas trans.

No os culpo, muchos medios de comunicación no “comunican” nada bien las noticias. Dan la voz de alarma de tal forma que se pierde el foco del problema en cuestión. Si no se compra este tipo de procesados, disminuirá la presencia del aceite de palma (cuya producción  influye de una forma muy negativa en el planeta) en nuestra despensa. Así de fácil.

Si queréis conocer un poco más la problemática del aceite de palma, os expongo a continuación un pequeño  resumen. ¡Atentos!

  • ¿Qué es?

El aceite de palma proviene de los frutos de una planta llamada palma africana (Elaeis guineensis) producida mayoritariamente en los bosques tropicales de Indonesia y Malasia.

  • ¿Cuáles son sus utilidades?

Surge en la Industria Alimentaria como alternativa a las nocivas grasas hidrogenadas, en productos precocinados, snacks, aperitivos, coberturas de pasteles o bollería. Además se utiliza para fabricar cosméticos, productos de limpieza y velas.

  • ¿Qué ventajas presenta para ser tan utilizado?

Es sólido a temperatura ambiente, se enrancia menos y presenta una textura untuosa; caracteres muy válidos para productos de pastelería. Además es versátil, su producción es más económica y resulta más rentable que otros aceites como el de coco.

  • ¿Y dónde está el problema? Porque obviamente existe…

A nivel de salud, su composición es en un 50% ácidos grasos saturados, y éstos son los conocidos como “ácidos grasos malos” ya que favorecen la aparición de factores  desencadenantes de enfermedades cardiovasculares.

A nivel ambiental, su producción ha causado la deforestación de bosques, con la consecuente causa de peligro de extinción a especies animales que habitaban esas zonas (un ejemplo es el orangután) y un aumento de la contaminación, ya que esos bosques se encargaban de la eliminación del dióxido de carbono producido, por lo que aumenta el conocido “efecto invernadero” del planeta.

Por todo esto, no sé hasta qué punto se puede decir que la producción de este aceite es “rentable”. Señores de la Industria Alimentaria, estúdienlo bien.

Lo que sí puedo deciros es que su consumo no es recomendable, y que evitando los procesados y utilizando otros aceites para cocinar o aliñar, como el aceite de oliva, el “nuevo demonio” del marketing alimentario no os afectará.

A todo esto, ¿hoy habéis realizado actividad física? ¡Vuestros entrenadores os esperan en Benefits dando “palmas”! 😉

Nuria Prieto, nutricionista en Benefits Body Mind

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